Papalmente
feliz (o felizmente papal), salgo a la calle tempranísimo: "Al MALBA,
al MALBA". Atravieso Buenos Aires en hora pico modulando mis recuerdos
juveniles de canto gregoriano.
No
encuentro donde estacionar (en el MALBA me niegan que puedan acomodar mi
Papamovil por una hora y media) y me voy al Paseo Alcorta ("A
Estacionar, a Estacionar").
Salido
del MALBA, aprovecho para ver si consigo (en las tiendas del
supracitado) algún cubrecama nuevo, como ofrenda para las celebraciones
del Segundo Aniversario de Nuestros Esponsales, que se acerca pronto
(muy pronto).
Me
ofrecen unas colchas horribles, prácticamente todas en colores pastel
(cosa de que el pelo de las gatas se note bien notado), más adecuadas al
catrecito de una adolescente idiota que al tálamo de dos locas que
acaban de pintar su casa de plateado. Eso sí, carísimas (doce cuotas
fijas: "Alabaré, alabaré"). Como tengo que ir al médico, paso por el
Alto Palermo, donde la situación se repite: el autoritarismo de los
pasteles, esta vez subrayado por la quinta imbecilidad de la mañana. "Mi
cama es como ésa", digo. Y la vendedora responde: "¿Seguro? Porque ésas
son camas nuevas. Son las que tienen en la Casa Blanca". "Entonces no
debe ser", le digo, "porque la mía no tiene olor a Fin del Mundo". Y me doy vuelta sin saludar.
Como ya
tengo hambre, me acerco a un negocio de comidas y hago mi pedido. Cuando
llega la orden pido pimienta (incienso, mirra y miel no se me ocurrió).
Me contestan: "No trabajamos pimienta".
Desconcertado (mecum omnes plangite!),
repregunto. "No tra-ba-ja-mos pi-mien-ta", me repiten, como si fuera
tarado, perverso, turista o escapado del asilo. "Entonces devolveme la
plata", digo.
Como ya
se han dado cuenta de que estoy en estado de misticismo y de canturreo
en latín, me devuelven mi dinero y me retiro rumbo al médico, a quien le
cuento mis pesares matutinos.
"Entonces no deberías salir de tu casa", me dice. Precisamente.
viernes, 15 de marzo de 2013
lunes, 11 de marzo de 2013
De catering

El lomo al horno con papas se transformó en versión de catering, así:
Primero herví ligeramente las papas y las batatas en agua con caldo de verduras y las puse a enfriar. Luego las corté en cubos de dos por dos (cms.) y las freí (junto con dos dientes de ajo) hasta que quedaran crocantes (sin la doble cocción, habrían quedado crudas por dentro). Salpimenté y reservé.
Corté el lomo en cubos de dos por dos y los salté con unas gotas de aceite de oliva en un wok bien caliente. Recién cuando la carne estuvo dorada, salpimenté, agregué un poco de mostaza de Dijon y semillas de mostaza (se pueden agregar dos cucharadas de agua como para generar una apenas salsa). Volqué las papas sobre el lomo y revolví hasta que el manjar estuvo listo para los exigentes paladares que nos rodeaban.
Guarniciones: espinacas con queso, chutney, chambota.
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